domingo, 3 de febrero de 2008

Sura Primero: Al-Fatiha / Ayah Tercero: La Tensión Bajo la Superficie

Hafiz (Publicado en el fanzine underground Voces)

Si las dos entradas (perdón, ayat) anteriores los dejaron confundidos, estimados lectores, les ofrezco mis disculpas. Lo que sucede es que aún no tenía bien planificado el formato en el que les iba a presentar esta historia perdida, la que de ahora en adelante voy a llamar Last Jihad. El título me encanta, puesto que está en el idioma Albion, un antiguo lenguaje de una de las gentes de Amestris, aquel malhadado intento de imperio que como algunos de ustedes han de saber—a pesar de todos los intentos del estado de idiotizarnos para aceptar esta maldita guerra en la que ya llevamos más de seis meses y sin visos de poder salir de ella—desapareciera veinte años atrás aproximadamente. “Last” quiere decir “última o último” y “Jihad” es un fascinante concepto que viene de una religión que forma parte de aquella larga lista de religiones y cultos destruidos por la alquimia, lista que oficialmente terminara en el culto de Leto el Dios Sol en Lior. El nombre de esta religión era Islam. “Jihad” se puede resumir de manera cruda como la lucha de un seguidor de Islam contra un enemigo, ya sea el diablo, uno mismo, u otra persona o grupo. El uso más público y el de más rápida absorción es el de una lucha o guerra entre gentes. El Islam no gozaba de la extensa tradición del culto de Ishvara pero sus seguidores, impulsados en parte por este concepto de Jihad, constantemente anexaban territorio. Y algo de bueno habría de tener esta religión si después de ser conquistados, los territorios anexados no se rebelaban. Excepto Aerugo, donde el Islam ocupó varios pequeños reinos por siglos, pero cuya presencia fuera eliminada por una coalición de esos reinos. Sí, ese mismo Aerugo que actualmente sólo sirve como terreno para construir prisiones de máxima seguridad. Decidí usar “Jihad” por mi interés académico en esta religión y porque la guerra entre Amestris y Dracma fue el último conflicto de la historia basado siquiera públicamente en creencias espirituales. Todos sabemos que el conflicto actual no tiene ninguna motivación excepto calculada ambición (búsqueda de prosperidad que le llaman nuestros líderes).

Pero ustedes gentiles lectores quizá aún se sigan preguntando “¿Quién es este tipo Hafiz y cuál es su objetivo en escribir todas estas cosas?” Si los ataca la curiosidad (y yo espero que los ataque constantamente), Un hafiz era un estudioso que memorizaba el Qur’an, el sagrado libro del Islam. Con estas crónicas, recopiladas a lo largo de muchos años y cuyo material en su mayoría obtuve antes de que el estado tuviera toda su maquinaria represiva correctamente ensamblada, mi intención es que ustedes tengan un relato de la dimensión humana de un conflicto bélico, dimensión que muchos de ustedes, estoy seguro, apenas pueden empezar a imaginar. Confieso que quizá Last Jihad no tenga una obvia utilidad inmediata, pero esa frase “utilidad inmediata” yo la veo como parte de la maquinaria represiva a la que hice alusión. El impulso que ustedes mismo pueden haber llegado a sentir ahora de rechazar una historia que les va a “hacer perder el tiempo” tiene dos aspectos. El primero es positivo, puesto que el tiempo de ustedes es, sin lugar a dudas, valioso. El otro aspecto es el que me preocupa, porque conlleva el peligro de un invisible mecanismo con el cual el estado ejerce poder sobre ustedes: el pensamiento convencional. ¿Qué necesidad tiene el estado de controlarlos si ustedes mismos están haciendo el trabajo por ellos? En este instante ustedes tal vez estén pensando, “Ajá, este Hafiz está queriendo decirnos que leer su cuento (seguro inventado) es un acto de rebeldía. Qué bajo es este sujeto.” Si es así, me alegra mucho que empiecen a considerar las implicaciones de los mensajes que reciben. Definitivamente yo considero que el mero acto de leer esta historia es una manifestación de la disconformidad con el estado.

Habiendo dicho esto, muchos se preguntarán ahora por qué gasto mi tiempo tratando de justificar mi serie como un acto de desobediencia si la mera lectura de Voces es un crimen. Lo que sucede es que considerar esta publicación ilícita es adelantarse a los hechos. Hasta donde yo sé, Voces aún ha escapado el radar de Inteligencia. Hemos logrado esto con un cuidadoso balance entre la cautela y la difusión. Además, quizá algunos lectores no conozcan mucho sobre el estado de Voces, viendo nuestra revista como un mero conjunto de hojas de papel. Espero haber aclarado dudas respecto del porqué estoy gastando tanto tiempo en datos preliminares.

Y regresando al punto de lo que quiero lograr con Last Jihad, como expresé líneas arriba, una de mis metas es que la historia les haga pensar, haga que ustedes usen su imaginación, que consideren puntos de vista variados. Esta historia no es propaganda, porque a pesar de ser imposible dejar de mostrar yo mis prejuicios desde el momento en que selecciono un detalle en vez de otro, he tratado escrupulosamente de ser imparcial y dejar que la historia hable por sí misma; motivo por el cual la historia está narrada desde el punto de vista de los protagonistas, enfocándome especialmente en la mítica figura de Edward Elric, el Fullmetal Alchemist (Alquimista de Acero). Es más, considero que es mejor comunicarme así, directamente, con ustedes los lectores para hacerles saber mi punto de vista en lugar de enmascararlo en una historia. Y acerca de si la historia que les estoy presentando es verídica, yo doy mi palabra de que lo es. Pero de todas maneras, en mi opinión el hecho de que sea ficción o realidad objetiva no es afecta crucialmente la experiencia de leerla.

Ahora le toca el turno a una voz femenina, la teniente primera del ejército de Amestris, Elicia Hughes.

Elicia Hughes

Este día ha empezado de manera brutal. Sólo espero que no continue así porque mi cuerpo no va a resistir tanto ajetreo. No, no debo pensar eso.

No soy una niña delicada. Simplemente es la falta de costumbre. Trabajo de escritorio me está haciendo mella. Es cuestión de hacer más ejercicio, eso nada más.

Pero no sé cómo voy a encontrar tiempo para fortalecer mi cuerpo. Las mañanas las tengo ocupadas con el manganzón. Y las noches . . . Nada. Como odiaba entrenar de noche en la academia. Mi rango no es como para tener que vivir esa miseria otra vez. ¿Qué estoy diciendo? Se trata simplemente de formarse un hábito. Y no es mucho tiempo tampoco. A lo mucho media hora cada día. Sí lo puedo hacer.

Hábito. Ya me acostumbré a estos suburbios. Si por mi fuera no pondría un pie por aquí. Simplemente estos sitios no son mi ambiente, medio que me enferman. No me gusta divertirme así. Es algo demasiado ruidoso y grosero- “Grotesco” quizá sea la palabra que estoy buscando. Yo sé que no es una zona peligrosa pero por principio (soy parte del personal del estado y siempre tengo que defenderlo) llevo la derringer a donde quiera que vaya. Además nunca se sabe cuando algo feo pueda pasar. Lo bueno es que a esta hora la gente que sale a divertirse ya está regresándose a sus casas, aparte yo de por sí estoy un tanto tarde. Si llego a absorberme en el ejercicio tanto como me absorbo escribiendo esos aburridos reportes, voy a estar lista para enfrentarme a cualquier ejército.

La llave ésta que no la encuentro. “’Ta mare.” Oh no, ya estoy hablando como él. No me podré olvidar del escándalo que hizo cuando cogí su llave de improviso y saqué una copia para mí. Se puso furioso, y me dijo “¡’Ta mare, eres peor que el viejo! Siquiera él respeta mi privacidad.” Je, no pasó de eso. Él no tiene suficiente energía ni determinación para oponerse activamente a que yo tenga acceso a su departamento.

Ajj, qué peste. No importa que haga frío, voy a tener que abrir las ventanas. ¿¡De dónde viene ese olor!? No, no es de la cocina, tampoco de la sala. Aunque veo que aún no ha botado todas esas revistas. Ya le he dicho que es peligroso tantos cerros de papel, especialmente en una zona tan alejada. No le importa. Parece que estuviera retando a su padre aun en un gesto así de futil. Qué asociación más estúpida estoy haciendo; pero si William no piensa tan sofisticadamente.

Ah . . . Dios mío. ¡Su cuarto! ¡De ahi viene el hediondo olor! Otra vez las camisas, los pantalones, las medias, el periódico (al menos lee). Bueno, el trabajo no va a ser mío, pero igual me da dolor de cabeza ver tanta cosa botada. Me asfixia. ¿Y qué son estos papelitos rotos? Más papel . . . Son de colores, déjame ver ¿Cómo?¿Towers Act? Oh, por dios, tiene esas cosas también tiradas así. ¡Qué tal consciencia para traer chicas aquí! ¡Y qué clase de mujerzuela puede aceptar estas condiciones para hacer algo así! Cosas que nunca voy a poder entender.

Y ahí está despreocupado, con las piernas todas extendidas. Ah, sus pies están descubiertos. Veamos qué tanto le gusta el que abra sus ventanas.

Mientras se despierta, voy a ver qué es lo que le puedo poner a hacer al vago éste. Que está tan quieto e inmóvil… No, no. Realmente no quiero pensar en eso.

“¡Carajo! ¡Qué frio que hace por la puta madre!” Seguramente articulé un sonido sin darme cuenta cuando William dijo eso. Ya debería estar acostumbrada a sus cosas. “¿Eh? ¿Tú aquí? Chesumare,” me dijo William para luego sobarse los ojos perezosamente. Tras inhalar y exhalar pesadamente me mira con ojos entreabiertos y me dice: “Ya, ¿que quieres?”

“Psst. Esa pregunta, A la ducha de una vez.”

Al menos esta vez no tuve que jalarlo de los pelos arrastrando. ¿Debería contarle sobre lo que pasó hace unas horas? ¿Para qué? Pero ellos dos se conocían. Es mínima decencia no quedarme callada.

***

“¿Y esa cara?” me pregunta William.

“¿Tratando de hacer conversa para que me olvide de todo lo que te he mandado a hacer?” le respondí al tiempo que me levanté y traté de darle la espalda, alejándome unos cuantos pasos de él. “Oye . . . William. ¿Te acuerdas de Claus Faroth?”

“Ese sinvergüenza, siempre persiguiendo faldas, y sin suerte, ja ja. No me digas que hizo algo estúpido y está detenido o algo así. Puta, no deberías gastar un segundo preocupándote por ese perdedor.”

“William, está muerto.” No quería mostrarle mi cara alterada, pero tampoco pude evitar mirar en su dirección.

“Como dije, no deberias preocuparte un segundo por ese perdedor. Lo único que sí lamento es la deuda que nunca podré cobrar ya por haberlo hecho mierda en las cartas.” Su voz era jovial y con un toque de fastidio. Pero su rostro mostraba otra historia. Sus mejillas no mostrabas los hoyuelos que caracterizaban su apariencia y las arrugas en su frente y ceño que en circunstancias normales eran apenas perceptibles de cerca estaban marcadas.

“¡William! Fue asesinado y yo estuve ahí cuando lo encontraron. No era nada normal . . .”

La expresión en la cara del teniente coronel tampoco fue nada normal cuando vio cómo había muerto Faroth. Me parece que lo oí decir “¡Sangre!” con una fiera sonrisa de anticipación en sus labios.

William me pregunta qué fue lo que pasó y le digo cómo fue que me encontré con el Teniente Coronel Firen Drakendorf, el Alquimista . . .

El alquimista que me mostró la cara con marcas de la cama, y con ojeras debajo de los ojos del azul más oscuro que haya visto. Un hombre irritante e irritable.

Notas

  1. Towers Act fue la marca de profilácticos más vendida en Amestris. La innovación de Mark Towers fue que gracias a su exclusivo proceso de fabricación, estos profilácticos ya no tenían costuras.

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